Día Mundial de las Aves Playeras: cuatro curiosidades sobre estas increíbles viajeras

Cada 6 de septiembre se celebra el Día Mundial de las Aves Playeras, una fecha que invita a conocer y valorar a este diverso grupo de aves y a relevar la importancia de conservar los ambientes que necesitan a lo largo de sus ciclos de vida.

Desde recorrer miles de kilómetros sin detenerse hasta transformar su propio cuerpo para enfrentar las exigencias de la migración, las aves playeras poseen sorprendentes adaptaciones que les permiten desenvolverse en distintos ambientes y superar enormes desafíos.

En esta fecha, te invitamos a conocer cuatro curiosidades sobre las aves playeras que demuestran sus extraordinarias capacidades.

Son maratonistas excepcionales

Para muchas aves playeras, migrar significa emprender viajes de miles de kilómetros entre sus áreas de reproducción y los sitios donde pasan el resto del año. En más de 20 especies se han descrito vuelos de más de 5.000 kilómetros sin detenerse.

Para dimensionar esta distancia, 5.000 kilómetros equivalen a un recorrido incluso mayor que el que existe entre Arica y Punta Arenas. Estas travesías requieren una enorme cantidad de energía y una preparación física extraordinaria, que en algunas especies implica importantes transformaciones en su cuerpo antes de emprender el vuelo.

Playero semipalmado – Pío Marshall

Transforman su cuerpo para migrar

Una de las adaptaciones más sorprendentes de las aves playeras migratorias ocurre incluso antes de comenzar el viaje.

A diferencia de los humanos, las aves dependen principalmente de la grasa como fuente de energía para realizar ejercicio de resistencia, ya que esta permite almacenar una gran cantidad de energía. Por ello, antes de migrar algunas especies acumulan enormes reservas, llegando incluso a aumentar su grasa corporal en al menos un 100% en solo 24 días.

Pero transportar ese peso también exige más fuerza. Para enfrentar el viaje, estas aves aumentan el tamaño de sus músculos de vuelo y de órganos como el corazón y los pulmones. Incluso, algunas aves playeras son capaces de reducir temporalmente el tamaño de órganos que necesitarán menos durante el vuelo. En playeros árticos, por ejemplo, se ha descrito una reducción del hígado, los intestinos y el estómago, disminuyendo así parte de la carga que deben transportar.

De esta manera, sus cuerpos se preparan para enfrentar la migración: acumulan energía, aumentan la potencia necesaria para volar y reducen peso en estructuras que serán menos utilizadas durante el trayecto.

Playero ártico – Fernando Medrano

Sus picos son verdaderas herramientas para conseguir alimento

Si observamos distintas aves playeras alimentándose en un mismo sitio, probablemente notaremos una gran diversidad de tamaños, formas de pico y longitudes de patas. Estas diferencias no son casuales: cada especie posee características que le permiten acceder de manera particular a los recursos disponibles en su ambiente.

En general, muchas aves playeras poseen patas y dedos largos que facilitan su desplazamiento por ambientes lodosos, inundados o anegados, mientras que sus picos presentan distintas especializaciones para encontrar y capturar alimento.

El zarapito común, por ejemplo, utiliza su característico pico largo y curvado que le facilita buscar buscar y capturar alimento en zonas intermareales. El pilpilén común, en cambio, posee un pico grueso y aplanado que utiliza para abrir crustáceos y moluscos o golpearlos contra las rocas. Además, puede realizar movimientos dirigidos con el pico mientras busca alimento, incluso cuando este se encuentra oculto bajo la arena.

Estas distintas adaptaciones permiten que varias especies puedan compartir un mismo ambiente y alimentarse simultáneamente, sin necesariamente buscar los mismos recursos.

Chorlo de doble collar – Pablo Gutiérrez

B95: el ave que llegó más lejos que la Luna

Entre las innumerables historias de migración de las aves playeras existe una que se hizo conocida alrededor del mundo: la de B95, un playero ártico capturado y anillado en 1995.

A partir de sus sucesivos registros se estimó que B95 había acumulado más de 550.000 kilómetros de vuelo a lo largo de sus migraciones. La cifra resulta todavía más sorprendente al compararla con la distancia promedio que separa a la Tierra de la Luna, que son aproximadamente 384.400 kilómetros. Esta extraordinaria hazaña le valió el apodo de “Moonbird”,  convirtiéndolo en un verdadero símbolo de las enormes travesías que pueden realizar las aves playeras.

Chorlo cabezón – ROC

Pequeñas aves, grandes desafíos

Las aves playeras pueden recorrer enormes distancias, modificar su fisiología para enfrentar la migración y utilizar sorprendentes adaptaciones para encontrar alimento. Pero para completar sus ciclos de vida también dependen de una red de sitios donde puedan alimentarse, descansar y recuperar energía.

Por eso, conocer sus increíbles capacidades también nos ayuda a comprender la importancia de conservar los ambientes que utilizan a lo largo de sus rutas. Este Día Mundial de las Aves Playeras, te invitamos a observarlas, conocerlas y contribuir al cuidado de los lugares de los que dependen estas extraordinarias aves.